Antes de poner una cifra a una máquina, el valorador pide documentación. No es un trámite administrativo: cada documento cierra una incógnita concreta del método, y las que quedan abiertas terminan convertidas en hipótesis dentro del informe. Esta guía recoge qué se solicita habitualmente, para qué sirve cada bloque y qué consecuencia tiene que falte.
Por qué el método empieza en la documentación
Una tasación de maquinaria industrial no es una opinión de valor: es una cifra justificada bajo una norma reconocida —los estándares de valoración RICS (Red Book) y las Normas Internacionales de Valoración (IVS) del IVSC— y emitida para una finalidad declarada. Esa exigencia de trazabilidad tiene una consecuencia muy práctica: toda hipótesis del informe debe apoyarse en un dato verificable, y la mayoría de esos datos solo puede aportarlos el titular del activo.
Los tres enfoques de valoración consumen documentación distinta. El enfoque de coste necesita saber qué activo es exactamente, cómo se instaló y cuánto se ha usado, para calcular un coste de reposición a nuevo y depreciarlo. El enfoque de mercado necesita una identificación suficientemente precisa —marca, modelo, año, configuración— como para buscar comparables reales de ese mismo activo. El enfoque de ingresos necesita entender qué produce la máquina dentro del proceso. Un inventario ambiguo no degrada un enfoque: degrada los tres.
1. Inventario de activos: el documento que condiciona todo lo demás
Es el punto de partida y el que más determina la calidad del resultado. Un inventario utilizable identifica cada activo de forma inequívoca, no por categoría genérica. Los campos que el valorador necesita para poder buscar comparables son:
- Marca y modelo exactos, tal como figuran en la placa de características.
- Número de serie o de fabricación y, si existe, el código interno de inmovilizado que usa la empresa.
- Año de fabricación, que no siempre coincide con el año de compra.
- Configuración y equipamiento opcional: en maquinaria industrial, dos unidades del mismo modelo con distinto equipamiento no valen lo mismo.
- Capacidad o características técnicas principales (potencia, tonelaje, dimensiones útiles, número de ejes o de husillos, según la tipología).
- Ubicación física de cada unidad, cuando la cartera se reparte entre varias plantas.
Cuando el inventario llega por categorías —«5 tornos», «línea de envasado»— el trabajo no desaparece: se traslada a la inspección, con el consiguiente aumento de alcance. Un inventario granular y con números de serie es la forma más eficaz de que el titular acelere su propio encargo.
2. Datos de adquisición y soporte contable
Este bloque no fija el valor —el valor contable y el valor de mercado son cosas distintas— pero sí ancla la trazabilidad del método:
- Facturas de compra o contratos de adquisición, que acreditan la titularidad y documentan el coste original y su fecha.
- Ficha de inmovilizado o mayor de activos, con el criterio de amortización aplicado.
- Contratos de leasing, renting o arrendamiento que afecten a alguna unidad, junto con su situación de vencimiento.
- Cargas, reservas de dominio o garantías ya constituidas sobre los activos.
Los dos últimos puntos son especialmente relevantes cuando el informe se destina a financiación: un activo con una carga previa no computa igual en el colateral, y el destinatario del informe necesita ver esa situación reflejada, no descubrirla después.
3. Historial de mantenimiento y estado técnico
La depreciación de una máquina no es una función del calendario. Dos unidades del mismo año pueden estar en estados muy distintos según cómo se hayan usado y mantenido, y el valorador necesita evidencia para sostener el ajuste que aplique:
- Registros de mantenimiento preventivo y correctivo, o el plan de mantenimiento vigente.
- Contadores de uso: horas de funcionamiento, kilometraje, ciclos o unidades producidas, según lo que la máquina registre.
- Intervenciones mayores: retrofits, sustituciones de componentes principales, actualizaciones de control numérico o de software.
- Certificados e inspecciones reglamentarias en vigor cuando la tipología los exija.
- Incidencias y paradas relevantes conocidas, y averías pendientes de reparar.
4. Ubicación, instalación y condiciones de uso
Este bloque sostiene una decisión que suele pasar desapercibida y que mueve la cifra de forma apreciable: qué cuesta separar el activo de la planta donde está.
- Plano de implantación o distribución de la maquinaria en planta.
- Requisitos de instalación: cimentación, anclajes, acometidas eléctricas o de fluidos, sistemas de extracción.
- Condiciones de acceso para desmontaje y transporte: alturas libres, anchos de paso, necesidad de medios de elevación.
- Régimen de uso: número de turnos, continuidad del proceso, ambiente de trabajo (corrosivo, abrasivo, sala limpia).
- Situación del inmueble: si la nave es propia o arrendada, y en el segundo caso qué prevé el contrato sobre la retirada de instalaciones.
Estos datos son los que permiten distinguir con criterio entre las distintas premisas de valor —desde el valor de mercado hasta los valores de liquidación— cuyas diferencias desarrollamos en OLV, FMV y FLV: qué cifra pide cada operación.
5. Documentación que depende de la finalidad
La finalidad declarada determina la base de valor y, con ella, qué documentación adicional se pide. Los casos habituales:
- Financiación con garantía de activos: cargas existentes y, si el informe se va a actualizar periódicamente, el criterio de revisión acordado con la entidad.
- Seguros: póliza vigente, sumas aseguradas declaradas y criterio de valoración que la propia póliza establece.
- Compraventa y M&A: perímetro exacto de activos incluidos en la operación y su relación con el resto del proceso productivo. Qué revisa el valorador activo por activo en ese ejercicio lo detallamos en due diligence industrial: qué revisa un valorador antes de una compraventa.
- Contabilidad y auditoría: criterio contable aplicado y fecha de referencia exigida por el destinatario del informe.
Qué ocurre cuando falta un documento
Un hueco documental no bloquea necesariamente el encargo, pero tiene coste y tiene que ser visible. Las salidas ordenadas son tres, y ninguna consiste en rellenar el vacío en silencio:
- Sustituirlo por trabajo de campo: lo que no aporta el papel lo verifica la inspección. Amplía el alcance del encargo.
- Declararlo como hipótesis o como limitación de alcance en el propio informe, de forma explícita, para que el destinatario sepa exactamente sobre qué se apoya la cifra.
- Excluir el activo del perímetro cuando la información es insuficiente para sostener un valor defendible.
La opción que nunca es aceptable es que el informe presente como dato verificado algo que no se ha podido comprobar. Un destinatario exigente —un comité de riesgos, un auditor externo, un tribunal— revisa precisamente esas costuras.
Cómo preparar la entrega
Tres criterios prácticos que acortan cualquier encargo:
- Un solo inventario, en formato de hoja de cálculo, con una fila por activo y una columna por campo. Un PDF escaneado obliga a rehacer el trabajo.
- Documentación agrupada por activo, no por tipo de documento, y referenciada al código de inventario.
- La finalidad declarada desde el principio. Pedir «una tasación» sin decir para qué es la primera causa de informes que no sirven para lo que se necesitaba.
Así estructuramos la recogida de información en cada valoración de activos industriales que emitimos, con el inventario y la ficha técnica por activo formando parte del propio entregable.
Preguntas frecuentes
¿Puede hacerse una tasación sin inventario previo?
Puede iniciarse, pero el inventario hay que construirlo igualmente: en ese caso lo levanta el valorador durante la inspección, con más alcance de trabajo de campo. El inventario no es un requisito administrativo, es parte del método.
¿Sirve el valor contable como punto de partida?
Sirve como evidencia del coste original y de la titularidad, no como estimación de valor. La amortización contable responde a un criterio fiscal y contable, no a la depreciación técnica y funcional que observa el mercado secundario.
¿Qué pasa si no existe el número de serie o la placa es ilegible?
Se identifica el activo por el resto de características técnicas y se documenta esa limitación en el informe. La identificación pierde precisión y, con ella, la capacidad de apoyarse en comparables de ese modelo exacto.
¿Hace falta parar la producción para la inspección?
No es lo habitual. La inspección se planifica con la propiedad para minimizar la interferencia, y en muchos casos ver la máquina en funcionamiento aporta información útil sobre su estado.
¿Quién aporta la documentación cuando el informe lo pide el banco?
La aporta el titular de los activos, aunque el destinatario del informe sea la entidad financiera. El valorador trabaja con independencia respecto de ambas partes.
¿Cambia el checklist si son vehículos o equipos IT en lugar de maquinaria?
Los cinco bloques se mantienen; cambian los campos concretos. En vehículos pesan la matrícula, el kilometraje y las inspecciones técnicas; en equipos IT, la configuración, las licencias asociadas y el ciclo de vida del fabricante.
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